La familia está en peligro

19.09.2018

María advierte del peligro actual de las familias:

Yo soy la Madre de la vida. Yo soy la Reina de la familia.

En un mundo, donde impera el egoismo y la soberbia, las víctimas más numerosas son los inocentes.

Hoy se matan a millones en el seno de las madres, a través del delito del aborto, legalizado ya en todas partes. ¿Por qué tanta crueldad? ¿Por qué se ha difundido hoy en el mundo tan inhumana impiedad?

La sangre de estos inocentes clama todos los dfas venganza en la presencia de Dios y abre en mi Corazon materno heridas de profundo dolor.

Los ninos, que se abren a la vida, y a quienes se propone como valores, verdaderas transgresiones de la ley de Dios; los jovenes desorientados y engañados; las familias que lloran la destrucción de su hogar; las inmensas multitudes de mis pobres hijos que corren por el camino del pecado y de la perdición.

¡Ved si hay un dolor igual al mío!.

La inmoralidad se desborda como un diluvio de fango y los medios de comunicación social, especialmente el cine, las revistas y la television, hacen de ella gran difusión.

Por medio de esta última, penetra en cada familia una sutil y diabólica táctica de seducción y corrupción.

Las victimas mas indefensas son los niños y los jóvenes, a quienes miro con preocupada ternura de Madre.

Quiero que las familias cristianas retomen a orar Conmigo y por medio de Mí, para que se salven de los grandes males que las amenazan. Mortificaos con la penitencia y el ayuno corporal.

No mireis espectdculos televisivos que os corrompen en vuestra interior castidad e introducen en el alma tanta disipación, sembrando en el corazón gérmenes del mal.

Nunca como hoy, la inmoralidad, la impureza, y la obscenidad son continuamente propagadas a través de la prensa y de todos los medios de comunicación social.

Mi Adversario lleva la división por doquier: a las familias, a las Comunidades religiosas, a la Iglesia, a toda humana sociedad.

Jesús debe reinar en las familias, que deben abrirse, como brotes, al sol de su Realeza. Por esto obro Yo en estos tiempos, a fin de que las familias crezcan en armonía y en paz, en comprensión y concordia, en unidad y fidelidad.

Sufren los pequeños que se abren a la vida en un mundo que se ha convertido en un inmenso desierto de amor.

Sufren los jóvenes a quienes se les proponen todas las experiencias del mal y a quienes se traiciona con una tan vasta difusión de la impureza y de la droga.

Sufren los adultos por la división que ha penetrado en las familias y por la tremenda plaga del divorcio.

Sufren los ancianos, que son abandonados a si mismos y se sienten como un peso insoportable.

Cuando consagráis una familia a mi Corazón Inmaculado, es como si abrieseis la puerta de casa a vuestra Madre Celeste y la invitaseis a entrar, le dais lugar para que Ella pueda ejercer su función materna de una manera cada vez más intensa. He aquí por qué deseo que todas las familias cristianas se consagren a mi Corazón Inmaculado.

Pido que se me abran las puertas de todas las casas, para que pueda entrar y establecer mi materna morada entre vosotros.

Y puesto que el Sacramento del Matrimonio os da una gracia particular para haceros crecer unidos, mi misión es la de cimentar profundamente la unidad de la familia, de llevar al marido y a la mujer a una cada vez más profunda y espiritual comunión, de perfeccionar su amor humano, hacerlo más perfecto, llevarlo dentro del Corazón de Jesús para que pueda asumir la nueva forma de una mayor perfección que se expresa en pura y sobrenatural Caridad.

Refuerzo cada vez más la unión en las familias, las llevo a una mayor y recíproca comprensión, las hago sentir las nuevas exigencias de una más delicada y profunda comunión. Conduzco a sus componentes por el camino de la santidad y de la alegría, que debe ser recorrido y construido juntos, para que puedan llegar a la perfección del amor y gozar así del precioso don de la paz. Así formo a las almas de mis hijos y, a través de la vida de la familia, las conduzco a la cima de la santidad.

Quiero entrar en las familias para haceros santos, para llevaros a la perfección del amor, para quedarme con vosotros, para hacer más fecunda y fuerte vuestra unidad familiar. Cuando entro en una familia, inmediatamente me cuido de los hijos, los hago también míos.

Si camináis todos por la vía que os he trazado, si escucháis y practicáis cuanto hoy os he dicho, vuestras familias serán los primeros brotes de mi triunfo: pequeños, escondidos, silenciosos brotes, que ya despuntan en todas las partes de la tierra como si anticipasen la nueva era y los nuevos tiempos, que ya están a las puertas.

Difundid en vuestros Países los Cenáculos familiares como remedio a los grandes males que amenazan a vuestras familias con la división, el divorcio, la legitimación del aborto y de todos los medios para impedir la vida.

Hoy os manifiesto mi materna satisfacción, por haber acogido la invitación que os hice de difundir los Cenáculos familiares por todas partes, como una gran red de salvación.  Multiplicad sobre todo los Cenáculos familiares, como una fuerte defensa contra todos los males que hoy amenazan con destruir la familia, como la división, el divorcio, el uso de los medios que impiden la vida, los abortos que aumentan más y más y claman venganza ante Dios.

Satanás ha cantado su victoria porque ha llevado el pecado a las almas, la división a las familias, a la sociedad, y a las naciones en sí mismas y entre las naciones.

Ayudad a las familias cristianas, a vivir como pequeñas comunidades de gracia y de oración, de comunión y de amor y sustraedlas al grave peligro de la división y del divorcio, del recurso a los medios que impiden la vida, y de los abortos que aumentan en todas partes del mundo. Andad a la busca de las ovejas descarriadas por todos los caminos del mundo.