Madre Inmaculada

23.04.2018

Así se define María en Lourdes: "Yo soy Inmaculada"

Ya se ha explicado lo que significa ser Inmaculada: sin pecado original, llena de Gracia; Madre sin mancha expresa la limpieza de los sentidos externos. La causa de la admirable Pureza Virginal de María no es la exención en Ella del pecado original.

La primera y más eficaz razón es la Gracia de Dios, pero Ella coopera a esta gracia con todos los medios, guardando rigurosamente sus sentidos externos, sus ojos para la contemplación de todas las cosas en las que encuentra los vestigios de Dios, de la sabiduría y del poder divinos: los oídos y la boca para escuchar y para pronunciar las alabanzas de Dios. Ella hace en este mundo lo que los Ángeles hacen en el cielo y mejor aun que ellos: amar y alabar a Dios.

Analizando más lo que significa "Yo soy...", la propia Virgen María afirma en la aparición de Lourdes que Ella "es" Inmaculada, sigue llena del Espíritu Santo, y por tanto, delante de Jesús, Ella habla siempre "llena de Gracia", esto es, llena del Espíritu Santo y por tanto para Jesús, no sólo es su madre, es mucho más que eso, está llena del Espíritu Santo y por tanto es el Espíritu Santo el que habla a través de Ella.

Y precisamente por eso en María la persona que hace ponerse en marcha a Jesús en las Bodas de Caná, es María la que establece el comienzo de su vida pública y en el fondo, es Ella la que le da el empujón para dejar su propio hogar e ir directo a la Cruz, destinos sabido por ambos ya desde Simeón, donde una espada traspasaría su alma. ¿Qué Madre daría ese empujón a su hijo, acercándolo a la muerte y despegándole de Ella misma, si no es porque está llena de Espíritu y sabe que esa misión es redentora y salvífica para la humanidad? Por esto, entre otras cosas, María es además, corredentora, porque contribuye a nuestra salvación.

  • "Me ha querido toda hermosa para encontrar en mí una puerta digna para llegar hasta vosotros".
  • "El rayo luminoso que parte de mi corazón se difundirá por todo el mundo".
  • "No juzguéis. A ninguno condenéis. Orad, amad, llevad la cruz de este gran sufrimiento conmigo para la salvación de todos".