Virgen Fiel

María es Fiel a la llamada de Dios. Fidelidad sin condiciones. Fiel al pie de la cruz. Fiel en el gozo y en el dolor, en el oprobio y en la gloria, en Nazaret y en Belén, en Judea y en Egipto, durante el triunfo del Hijo y en su muerte sobre la Cruz en el Calvario. La fidelidad es aquella virtud que nos inclina a mantener, a cumplir las promesas hechas. Es una virtud afín a la justicia. María fue fiel a Dios.

En dos sentidos puede entenderse este título.

La Virgen María fue muy fiel a las Promesas que le hizo a Dios y a los deberes que Jesús le asignó. ¡Con qué fidelidad respondió a los planes de Dios y con cuánto amor aceptó de su Divino Hijo ser nuestra Madre!.

La fe, con relación al entendimiento, debe tener dos cualidades principales: ser sencilla y firme.

  • La sencillez exige nuestro pronto asentimiento, a todas las verdades propuestas por la fe, aun a los más inaccesibles misterios, asentimiento que se apoya únicamente en la autoridad de Dios. Debemos ir a través de la vida con la sencillez de un niño conducido de la mano de su madre. Jesús dijo: "quien no acoge el reino de Dios como un niño no entrará en él".
  • No olvidemos que la fe es un don de Dios que se manifiesta a los humildes y a los sencillos: "Te doy gracias Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a los pequeños".
  • La fe debe ser firme, no dudosa ni vacilante. Esta certeza inmutable, que debe extenderse a todas las verdades reveladas, tiene un fundamento más sólido e infalible que cualquier testimonio de la razón, de los sentidos o de la experiencia, porque estos elementos de certeza humana pueden ser débiles y falibles, mientras que el fundamento de la veracidad de Dios es luz eterna, indefectible e inmutable.

María Santísima agradó a Dios más que ninguna criatura porque tuvo muy viva la fe, formada por la más ardiente caridad.

El Arcángel le anuncia el altísimo misterio y Ella da el humilde y dócil asentimiento de su Fe y exclama "he aquí la esclava del Señor, HÁGASE en mí..."

Ella ve a su Hijo perseguido, calumniado, condenado, llevado a la cruz, traicionado por un discípulo, negado por otro, abandonado de todos (menos San Juan), comparado con vulgares ladrones, crucificado, muerto. Ella se mantuvo en la sombra y no quiso mostrarse como Madre del triunfador (durante la vida pública de Jesús ... cuando hizo milagros) pero su Fe la llevó a acercarle hacia su vida pública y posterior muerte, le acerca por Fe hacia la Cruz, adora en el Altar de la Cruz, al Pontífice Eterno, al triunfador de la muerte y del mal.

La fidelidad es aquella virtud que nos inclina a mantener, a cumplir las promesas hechas. Es una virtud afín a la justicia.

María poseyó eminentemente también esta virtud; Ella fue constante y perfectamente fiel a Dios y a nosotros. Fue siempre toda de Dios, atenta a cumplir su voluntad.

María Santísima, también es Virgen fiel a nosotros. Atendiendo a las palabras de su Hijo moribundo, Ella es Madre para todos, nos ama, nos favorece, nos obtiene el perdón de los pecados, la perseverancia en el bien y la vida eterna. Ella es la Madre de la santa esperanza.

Su maternal protección y fidelidad a nosotros se manifiesta en la aceptación de la propia muerte ignominiosa de su Hijo para salvarnos a nosotros, Ella es corredentora, y por eso en la última mitad del siglo XX se prodiga en apariciones para avisarnos, protegernos y advertirnos, es fiel a nosotros y busca con ahínco nuestra Salvación.

La Virgen se define a sí misma como Guardiana de la Fe (El Cajas): el significado de Guardiana no es el de esconderse o huir, la definición es de protección de la Fe por los peligros y acechos a los que se ve expuesta en el mundo actual; de hecho en todas las pródigas apariciones de finales del siglo XX y siglo XXI el mensaje central es de clara conversión, conversión sincera y mirada a Dios.

La Virgen nos pide volver al Plan designado por Dios del cual nos hemos salido y necesitamos esa nueva Luz que las apariciones proporcionan.